Primaria

novedades

02/03/2015

Feliz Comienzo!

Estimadas familias…

Iniciamos un nuevo año!

Les damos la bienvenida y les agradecemos que una vez más estén acompañándonos en nuestra escuela.

Para ustedes, queridos chicos…una invitación a pensar,  a estudiar, a investigar, a escucharse, a intentar resolver juntos las situaciones diferentes que se nos presenten a lo largo del año y a tomarlas como un nuevo desafío;  Que encontremos alegría en descubrir que es posible convivir disfrutando de nuestras diferencias y coincidencias.

Comenzamos entonces, con un pequeño cuento para compartir:

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Llegó el invierno a una ciudad de la que no recuerdo el nombre, lo único que recuerdo era que hacía mucho frío y los pájaros del lugar se agrupaban en una bonita plaza cerca de la escuela, para entrar en calor, todos en el mismo árbol. Como estaban muy cómodos allí, pensaron que si llegaban más pájaros, estarían más abrigados aún, así que durante el día se dedicaban a volar por los alrededores invitando todo tipo de aves que veían por allí: pequeñas, grandes, con copete, de diferentes colores.


Al atardecer se reunían y todas cantaban sus canciones, todas diferentes por supuesto.
Los vecinos del lugar notaron el cambio enseguida: cada vez había más pájaros. Y no faltó el que se quejara del extraordinario ruido que hacían todas esas aves juntas en el gran árbol de la plaza.


- ¡Tenemos que echarlos, el ruido no nos permite hablar, pronto no podremos dormir tampoco! - dijo, muy enojado, para convencer a los otros.


- Pero si son muy bonitos- dijo otro vecino- voy a poner trampas para que caigan, compraré jaulas y pondré un negocio para venderlos.


Los niños del barrio, que aprendieron en la escuela a conocer a cada pájaro y diferenciarlos por su forma, color y canto, dijeron muy indignados: los pájaros nacieron para volar, no pueden estar encerrados!


La discusión fue subiendo de tono poco a poco y a medida que gritaban, menos se entendían, hasta que, un hombre muy ancianito, con bastón, anteojos, boina y sonrisa, se adelantó para calmarlos haciendo ademanes suaves con su mano derecha, que tenía desocupada. Tanto aprecio le tenían los vecinos, que poco a poco el griterío se fue acallando, hasta convertirse en un murmullo y luego en el más absoluto de los silencios. Todos lo miraron, encantados de que el abuelo tuviera seguramente algo muy importante para decir.


- Queridos vecinos: estos hermosos pájaros que nos visitan estos días, su razón han de tener para juntarse en nuestra plaza... quien podría tratar de ocuparse de observarlos y averiguar qué les pasa? niños... (dirigiéndose a los pequeños que defendieron a los pájaros) podrían encargarse ustedes de observarlos todos los días y anotar cómo se comportan los pájaros?. A lo que los niños respondieron con mucho entusiasmo, afirmativamente.


Una semana después se organizó una asamblea en la plaza. Los hombres trajeron sillas, las mujeres más jóvenes cebaron mate, las abuelas y las tías mayores habían amasado y horneado riquísimas tortas que compartieron entre todos, Y los niños... ¡ah! los niños se lucieron de verdad: trajeron escrito un informe detallando de qué se alimentaban los pájaros, a qué hora, cuándo se reunían en el árbol, cuántos pájaros de cada especie había y los compararon con las especies que hubo ese verano, hasta anotaron las temperaturas y las horas, armando un cuadro demostrativo en una lámina pintada a mano.
Los padres, boquiabiertos, escucharon a los niños los detalles de la investigación, y no tardaron en deducir entre todos, que los pájaros se juntaban mucho más en cantidad y en horarios determinados cuando hacía más frío en el único árbol que conservaba todas sus hojas y tenía una copa enorme. Dedujeron entonces que, al llegar nuevamente el verano, el número de pájaros disminuiría.


El abuelo tomó la palabra nuevamente para preguntar a los presentes si estaban dispuestos a esperar, a disfrutar y acompañar con miguitas de pan y renovar la fuente de agua de la plaza a esos hermosos seres alados que  habían "elegido" precisamente esa plaza para anidar y vivir durante el invierno.

Poco a poco, los habitantes del barrio comenzaron a sonreír nuevamente, a sentirse mejor, felices de ser un barrio privilegiado, de haber aceptado los cambios que la vida les imponía, de organizarse, de haber tenido las herramientas para poder investigar lo que sucedía, en fin, de haberse escuchado y convertirse de allí en más en seres solidarios.

 

¡Feliz comienzo!

Equipo de conducción